Está en la naturaleza del trabajo el ser impulsado comunmente por interés y apego. En presencia de una siempre activa Providencia, que percibe hasta la caída de un gorrión, ¿cómo puede el hombre darle importancia alguna a su propio trabajo? ¿No será una blasfemia hacerlo, sabiendo que Él cuida de las cosas más diminutas de este mundo? Solo tenemos que permanecer ante Él en actitud de admiración y reverencia, diciendo "que se haga Tu voluntad".
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